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¿Cómo se formó el Sistema Solar?

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Se cree que el Sistema Solar se formó hace unos 4.600 millones de años a partir de una nube molecular gigante.

 

Gracias a los estudios realizados en meteoritos, considerados como vestigios de los orígenes del Sistema Solar, se cree que nuestro Sol y los planetas se formaron hace unos 4.600 millones de años a partir de una nube molecular gigante. El gas y el polvo que formaban esta nube se originaron durante miles de millones de años como consecuencia del procesamiento de hidrógeno y helio primitivo ocurrido al interior de las estrellas. Estos procesos generaron elementos pesados que se esparcieron al espacio hacia el final de la vida de dichas estrellas.

Esta hipótesis nebular, que explica cómo se formaron el Sol y los planetas del Sistema Solar, fue propuesta en 1734 por Emanuel Swedenborg (científico, teólogo y filósofo sueco), y luego, de manera independiente, por Pierre Simon Laplace en 1796.

Actualmente se cree que la nube inicial de polvo y gas tenía unos 3,26 años luz de extensión, y que su colapso fue provocado por las ondas de choque generadas por una o más supernovas (la explosión final de una estrella gigante). Esto habría producido regiones de mayor densidad que en los alrededores, las que habrían colapsado bajo su propia gravedad.

La región que dio origen a nuestro Sistema Solar tenía aproximadamente 0,2 años luz de extensión y su masa total tenía alrededor de dos veces la masa de nuestro Sol. Su composición era similar a la del Sol, con un 98% de hidrógeno y helio, y alrededor de un 2% de elementos más pesados.

A medida que la nebulosa colapsaba, se formó un núcleo opaco denso rodeado de un disco de polvo y gas. Este núcleo es el que finalmente daría origen al Sol. Los planetas pequeños se habrían formado gradualmente por fenómenos de acreción (agregación de materia a un cuerpo), mientras que los planetas gigantes se habrían formado por condensaciones al interior del disco. La disminución de la temperatura producto de la mayor distancia respecto al Sol es la causante de las diferencias principales entre los planetas rocosos internos y los gigantes externos.